(Cuando compuse este poema, corría el año de 1985. Por entonces se hablaba ya de crear un escudo antimisiles en el espacio por parte de Estados Unidos y de la contaminación del rio que pasa por mi ciudad, el Pisuerga; ahora por fortuna recuperado.)

En la ribera,
donde camina el agua dolorida,
conjugan amarillos las choperas.
Es hora de rezar por los amantes,
es hora de mirar a las estrellas.
Y en las constelaciones,
como una plañidera,
se escucha a Sagitario llorar,
por el metal que cubrió su mirar,
cuando roza su paso con la tierra.
En la vereda,
comienzo del espacio dolorido,
se conjuga la muerte en sementera.

En la ribera,
donde camina el agua dolorida,
conjugan amarillos las choperas.
Es hora de rezar por los amantes,
es hora de mirar a las estrellas.
Y en las constelaciones,
como una plañidera,
se escucha a Sagitario llorar,
por el metal que cubrió su mirar,
cuando roza su paso con la tierra.
En la vereda,
comienzo del espacio dolorido,
se conjuga la muerte en sementera.